Quedan pocos días para que termine el 2017, un año donde la salud o mejor dicho, la ausencia de salud ha sido lo más remarcable. Me he mantenido alejada del blog todo este tiempo porque estaba demasiado afectada como para concentrarme en escribir, pero ya estoy preparada para volver.
En junio sufrí una trombosis venosa en la pierna izquierda, el mismo lugar donde la tuve 10 años atrás. Me pilló por sorpresa, sin saber que me podría volver a pasar, paralizando mi vida en seco. Un mes después recibimos otra noticia todavía más preocupante, mi marido necesitaba un dispositivo eléctrico subcutáneo para evitar la muerte súbita. Han sido seis meses duros en los que la vida nos sacudió haciendo que se desvanecieran muchos planes y objetivos.
Mi marido fue operado hace dos semanas, por su parte queda la recuperación de las incisiones, por mí parte, el coágulo se disolvió dejándome secuelas a nivel de retorno venoso: teniendo que llevar una media de comprensión, la pierna se me hincha cuando camino mucho y tengo que ponerla en alto por las noches o durante el día si tengo oportunidad. A nivel muscular, se me dañó el músculo isquiotibial. Puedo andar sin cojear pero mi movilidad sigue limitada. Lo tuve que dejar TODO: el zumba, la natación, el spinning, las clases dirigidas, hasta los paseos. Prefiero no hablar de la cantidad de kilos que he cogido durante el tiempo en el que me he movido menos que un ficus...
Por suerte, el mes que viene empiezo por fin la rehabilitación. Me muero de ganas de volver a recuperar el nivel de actividad física que tenía antes de la Trombosis, pero soy consciente de que eso no va a ser así. La verdad es que no ha sido fácil superar la pataleta por tener que empezar de cero, como cualquier principiante, ha requerido mucho trabajo interno. La parte buena es que como ya lo he hecho antes, tengo la seguridad de que lo puedo volver conseguir de nuevo. Visto así, la tarea de ponerse en forma da menos miedo.
Una de las cosas más importantes que aprendí es que hay que empezar de forma gradual. Cómo se suele decir, hay que aprender a gatear, y a andar para poder correr. Solo escuchando mi cuerpo podré ir avanzando sin correr el riesgo de lesionarme. Eso supondrá hacer caso a las indicaciones del fisioterapeuta, hacer en casa los ejercicios que me mande y cambiar el tipo de deportes que hacía. El zumba queda de momento fuera de mi alcance. Espero que la piscina, el yoga o el pilates me ayuden para que en un futuro pueda hacerlo de nuevo.

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