El mes que viene cumpliré los 34, empecé a hacer dietas con 18 y aunque no las he hecho todos los años, porque ya estaba en mi peso o porque no me veía con fuerzas de ponerme a perderlos, acumulo unos cuantos años de experiencia en ellas. Mejor o peor todas cumplieron con su objetivo, si por ello
se entiende que bajé de peso lo más rápido posible para lucir bikini, ir a una boda o quitarme los excesos navideños. Lo malo es que luego llegaba el famoso efecto rebote, si había perdido los kilos muy rápido, los recuperaba todavía más rápido con alguno más de propina. Si lo había perdido a un ritmo más sostenido, lo recuperaba gradualmente hasta quedarme 1 o 2 kilos por debajo del peso inicial. Es una faena, pero supongo que no soy la única a la que le ha pasado, ¿verdad?
Hay miles de dietas pero las que yo he hecho se pueden englobar en tres categorías:
- Hiperproteica: Con sobrecitos o barritas sustitutivas o la famosa Dukan (la normal y la Escalera Nutricional)
- Baja en hidratos de Carbono (Adiós pasta, patatas, pan y arroz)
- Baja en calorías (1.800, 1.500, 1.200 y 1.000 Kcal)
La manera en la que estas dietas han llegado a mis manos han sido:
- Visitando a una dietista que me daba una hoja que sacaba de un cajón, me ponía unas semillas/ mini agujas en la oreja para rebajar la ansiedad y me intentaba vender suplementos para drenar entre otras cosas.
- Visitando a una enfermera o enfermero en el ambulatorio que además de darme una hoja que sacaba del cajón con la cantidad de calorías, me daba otra hoja con la pirámide alimenticia.
- Visitando a familiares, amigos o compañeros de trabajo que me daban una copia de la hoja que les habían dado a ellos.
- Con un libro que me compré y visitando páginas webs para aprender recetas.
- Visitando una farmacia y dejándome un buen dinero en sobres de sopas, batidos y barritas sustitutivas.
Lo peor de todo es que después de tanto sacrificio, tantas subidas y bajadas, empecé a echarme la culpa por no conseguir mantenerme en un peso sano, a creer que no tenía suficiente fuerza de voluntad, a creer que no era capaz de lograr ninguna de mis metas. No me planteaba nunca si la dieta era adecuada, si era saludable o si tenía alguna base científica que la sostuviera, la seguía ciegamente creyendo que eso era lo que había que hacer y que si no funcionaba era que YO lo hacía MAL. Pero hace poco descubrí a un nutricionista/ tecnólogo alimentario que decía cosas muy diferentes de las que siempre he escuchado y aunque al principio lo que decía chocaba con mis creencias, empecé a investigar, a plantearme que quizás todo aquello que creía saber no era correcto. Busqué a otros nutricionistas que también parecían sacados de otro molde y como el saber sirve de poco si no lo pones en práctica, empecé a experimentar y a realizar cambios. Han pasado dos meses desde entonces y la verdad es que me siento mejor, lo que me da una pista de que voy por el buen camino. He empezado haciendo pequeños cambios que sumados me aportan un mayor bienestar. Me siento más ligera, he perdido volumen, duermo bien, me duele menos la cabeza, mis reglas ya no son tan dolorosas y todo eso sin contar calorías ni seguir una pauta sacada de una fotocopia.
Estoy tan contenta con todo lo que estoy aprendiendo que quiero compartirlo con las personas que tengo a mi alrededor y estoy viendo que como a mí, les choca que les diga que me funcionan cosas que son lo opuesto a lo que hemos escuchado siempre. Hasta que escriba el próximo post os quiero recomendar el libro "Mi dieta ya no cojea" de Aitor Sánchez. No sé a vosotr@s, pero a mí me está cambiando.
Estoy tan contenta con todo lo que estoy aprendiendo que quiero compartirlo con las personas que tengo a mi alrededor y estoy viendo que como a mí, les choca que les diga que me funcionan cosas que son lo opuesto a lo que hemos escuchado siempre. Hasta que escriba el próximo post os quiero recomendar el libro "Mi dieta ya no cojea" de Aitor Sánchez. No sé a vosotr@s, pero a mí me está cambiando.
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