Con 22 años tuve una TVP (Trombosis Venosa Profunda) a causa de los parches anticonceptivos. Lo pasé muy mal. Se formaron dos coágulos de un tamaño considerable detrás de la rodilla izquierda y en la ingle. Durante dos semanas estuve en reposo absoluto, sin moverme ni siquiera para ir al baño. El tratamiento insistió en 5 meses de pinchazos de heparina y algo más de un año de syntron. Una vez recuperada, me he ido haciendo revisiones médicas. Aún así, a los pocos días de cumplir los 33 he sufrido otra.
Empecé a notar molestias detrás de la rodilla el jueves por la tarde pero pensé que tal vez me había dado un tirón al hacer el ejercicio porque no había calentado. Al día siguiente la molestia iba y venía, estuve trabajando y por la tarde bailando. El sábado estaba peor, me puse la media de compresión y conforme pasaban las horas, me costaba andar, me dio pena perderme la clase de Zumba al aire libre pero no habría podido seguirla. Esa misma noche ya se veía que tenía hinchada la pierna y me dolía. Mi marido quería llevarme de madrugada al hospital pero negocié con él. Le dije que nos fuéramos a dormir y que si al despertar, después de una noche de dormir con las piernas en alto, seguía con la pierna hinchada, iríamos al médico.
El domingo, al despertar era evidente que algo no iba bien. La pierna estaba hinchada, venas marcadas y no podía caminar. Intenté ser optimista, creyendo que era un agarrotamiento muscular así que fuimos de urgencias al ambulatorio. Al saber decir que había tenido una Trombosis y que era posible que tuviera otra, me pasaron enseguida. La doctora que me examinó tenía dudas, ya que sólo me dolía detrás de la rodilla (la otra vez el dolor era generalizado en toda la pierna). Me hicieron una analítica y para mi desgracia salió positiva. Me derivaron al hospital donde me pasé algo más de siete horas. Con una segunda analítica y una ecografía se confirmó lo peor: otra Trombosis. Después de pincharme heparina, me dieron una receta con diez jeringas de tratamiento y cita para cuatro días después.
Llevo tres días en casa, haciendo reposo sentada o tumbada con la pierna en alto. Tengo que llevar una media de compresión y cuando me pongo de pie veo las estrellas. Esta vez tengo la suerte de que sí que me permiten levantarme para ir al cuarto de baño, pero poco más. Para poder moverme utilizo muletas porque apoyar el pie es bastante doloroso.
Poniendo a un lado el tema del tratamiento, esto supone que mi nivel de actividad física se ha reducido a cero. No puedo caminar, trabajar (imposible tener la pierna hacia abajo durante ocho horas), o hacer ejercicio. Se me han caído un par de veces las lágrimas al pensar que voy a tener que aparcar el Zumba durante una temporada incierta.
El aumento de peso será inevitable, aunque estoy intentando controlar la alimentación para no consumir demasiadas calorías. Trato de no picar entre horas, evitar repostería, bebidas azucaradas, aperitivos de bolsa y de que mis raciones sean un poco más pequeñas de lo que acostumbro. Por supuesto, tampoco pido repetir plato aunque la ansiedad me pida a gritos otro trozo de tortilla de patatas.
Cuando tenga mañana la cita con el especialista le preguntaré cuanto tiempo durará el tratamiento, la baja médica y cuándo podré volver a hacer ejercicio y cuáles están permitidos. Había cogido el hábito de hacer un poco de ejercicio cada día, y ahora tener que estarme quieta me cuesta y me aburre horrores.
Luchar contra el sobrepeso estando en cama y recuperándome, va a ser todo un reto.

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